El modelo tradicional frente al modelo empresarial de universidad: Implicaciones para el e-Learning

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Higher Education
El modelo tradicional frente al modelo empresarial de universidad: Implicaciones para el e-Learning

Las tecnologías del aprendizaje similares no tienen resultados similares ni predecibles. Sus efectos están determinados por las decisiones que toman los responsables de las políticas educativas, y estas decisiones, a su vez, están en muchos casos determinadas por el modelo o paradigma de universidad que, implícita o explícitamente, poseen los responsables políticos. En este contexto, dos modelos diferentes de universidad (el modelo tradidional y el modelo empresarial) pueden producir como mínimo dos estrategias de e-Learning muy diferentes.

La adopción de una de las estrategias no se hace de forma automática, sino que es fruto de una decisión al respecto.

En el presente texto se reproduce un fragmento del artículo «The traditional vs the Business Model of the University: the Implications for the Deployment of Learning Technologies» (El modelo tradicional frente al modelo empresarial de universidad: implicaciones para la implantación de las tecnologías del aprendizaje), escrito como parte del proyecto financiado por Minerva denominado e-Resources and Distance Learning Management (eDilema). Puede consultarse todo el texto del artículo en «Developments in e-learning 2003 Conference», en el sitio web de eDilema.

¿Modelo tradicional o empresarial?

Según Brown & Duguid, una serie de presiones, especialmente la de la competencia, están obligando a las universidades a razonar como empresas. De forma similar, David Noble nos señala que, en las consignas de los profesores de la Universidad de York, se caracterizaba su huelga como el choque entre «el aula y la junta directiva». Ambas afirmaciones sugieren la existencia de una tensión entre el modelo tradicional de universidad y algún nuevo modelo empresarial. Es el momento adecuado para debatir las implicaciones de esta cuestión debido a:
1. la continua presión «política» ejercida sobre las universidades para que produzcan licenciados que satisfagan las necesidades de la industria;
2. el crecimiento de las universidades de tercer nivel con ánimo de lucro; y
3. la redefinición como universidades de diferentes escuelas profesionales o técnicas.

Estas implicaciones se abordan en los capítulos siguientes (1) Conocimiento (2) Aprendizaje y (3) El papel de la universidad como adjudicadora de credenciales.

Conocimiento

El modelo tradicional de universidad puede considerarse como aquél en el que se daba protección a ideas, investigaciones y experimentaciones cuyo valor o importancia no eran siempre inmediatamente visibles. Y, sin embargo, esta protección producía una sinergia que conducía a la creación de conocimiento (Brown & Duguid). En cambio, el conocimiento asociado con el modelo empresarial de universidad puede representarse como una especie de conocimiento o competencia «concreto» que es importante para el «mundo real» (Brabazon) . Este último, a diferencia de la «torre de marfil», considera que la educación está estrechamente relacionada con importantes cuestiones del «mundo real» tales como el crecimiento económico, la eficiencia y la mejora de la sociedad (Clegg). En este mismo sentido, el modelo empresarial tiene como objetivo producir especialistas con cualificaciones específicas, que no solamente posean conocimientos sino también capacidades prácticas, que no se trate únicamente de conocimientos almacenados en el cerebro, sino que estén incorporados en la persona (Blackler). Por el contrario, el modelo tradicional tiene como objetivo producir una categoría más general de licenciado centrándose en el desarrollo de capacidades cognitivas de amplia aplicación.

El conocimiento asociado con el modelo tradicional se caracteriza por ideas complejas e interrelacionadas cuyo aprendizaje se efectúa durante un largo período de tiempo. Esta vía o proceso de conocimiento está estrechamente relacionada con ideas sobre la adquisición de sabiduría (sapientia «sabiduría», sapire «conocer», Perseus, esp II.2.b). A partir de este punto de vista, el responsable político explota las tecnologías del aprendizaje para exponer a los sujetos a una amplia gama de ideas o para poner a prueba sus facultades críticas.

Por otra parte, el conocimiento asociado con el modelo empresarial se caracteriza por la deconstrucción del aprendizaje en unidades pequeñas, cortas, modulables y preenvasadas. Una vez se han desarrollado estas unidades u objetos de aprendizaje, pueden reciclarse, dado que el conocimiento está incorporado en la tecnología (Blackler), y volver a venderse muchas veces a un coste menor que el de los competidores. Esta es la estrategia de «desconexión y pago» (Brown & Duguid 209). «Es posible que en el futuro asistamos cada vez menos al desarrollo de cursos completos y cada vez más al de pequeños objetos de aprendizaje» (Bates 183). (Por otra parte, no tiene por qué tratarse de una estrategia comercial. Por ejemplo, el Centre for Distributed Learning de la Universidad del Estado de California, que presta servicios a todas las universidades del sistema de ese estado, se centra en la producción de módulos de aprendizaje en lugar de en auténticos cursos basados en internet.)

Algunos autores (Brabazon y Noble) creen que tras todo ello se encuentran siniestras motivaciones, ya que lo interpretan como un intento de comercializar la educación y de convertir el aprendizaje y el conocimiento en productos. Argumentan que esta comercialización conviene menos a los intereses a largo plazo del estudiante que a los de los vendedores de equipos y software educativo. [Ya se ha observado que estos vendedores ofrecen incentivos a los centros de enseñanza superior para que den a conocer su tecnología (Noble)].

Aprendizaje

Pasando del conocimiento al aprendizaje, los críticos argumentan que el modelo empresarial se fundamenta en la idea del aprendizaje como procesamiento de la información, un punto de vista que quedó anticuado hace tiempo. Con arreglo a esta idea, se considera que el aprendizaje se reduce casi solamente a la transferencia de información a un recipiente relativamente vacío, que es el estudiante. Si se comprende este supuesto, se explica mejor la insistencia de este modelo en el despliegue de las tecnologías de aprendizaje para crear eficiencias en la producción, el suministro y la reutilización del material educativo informatizado (Brabazon).

Se ha observado que algunas de las eficiencias buscadas se consiguen mediante la sustitución del trabajo del profesor por tecnología (Noble).
Teorías más recientes tales como el constructivismo (Bruner) ponen en duda algunos de los supuestos del modelo del procesamiento de la información: el conocimiento no es un producto transferible objetivo sino que lo interpreta el estudiante; la pertinencia de la información la define en mayor medida el estudiante que el diseñador de software educativo; el estudiante no es un recipiente vacío sino que hace un uso valioso de conocimientos anteriores para asimilar nuevas ideas y consigue comprender puntos importantes mediante la aplicación del aprendizaje a tareas auténticas y la colaboración con otros estudiantes. Por ejemplo, una aplicación de las teorías del aprendizaje basada en esta perspectiva teórica, en lugar de proporcionar elementos preenvasados de software educativo, podría alentar a los estudiantes a utilizar las tecnologías a fin de crear su propio material de aprendizaje, a colaborar con otros estudiantes y a desarrollar sus capacidades críticas y de pensamiento creativo.

Podría argumentarse que el sistema universitario tradicional insta al estudiante a ir mucho más allá de una simple «colaboración con otros estudiantes». De hecho, el modelo tradicional alienta al estudiante a incorporarse a una comunidad de práctica con otros estudiantes y profesores (Brown & Duguid). Puede considerarse a esta comunidad de práctica como un sistema social informal que compensa y complementa la estructura formal de la universidad. La estructura jerárquica formal de decanos, profesores, conferenciantes y asistentes se ve limitada, entre otras cosas, por la cantidad de información que puede procesar y comunicar. La comunidad informal de práctica contribuye a cubrir algunas de las lagunas de comunicación y apoyo social que la estructura vertical formal no cubre. Estas interacciones laterales entre miembros de la comunidad de práctica, por oposición a las interacciones verticales de la jerarquía, proporcionan a los estudiantes un flujo constante de información (lo que Blackler denominó «las noticias esenciales») que sirve para ayudarles a distinguir entre «lo importante» y «lo no importante» en su ámbito de estudio, y que les ayuda a determinar lo que constituye niveles de excelencia o lo que se espera de ellos, y proporcionan asimismo información sobre procedimientos, normas no escritas y reglas relativas a la presencia, la preparación del trabajo, los plazos de presentación y muchos otros asuntos que no podrían resumirse con facilidad ni con precisión en un manual del estudiante. Así pues, se trata de un proceso de socialización en redes de apoyo social, comunicación y prácticas recibidas (Wenger, Cornford & Pollock, Brown & Duguid). Brown y Duguid afirman que la universidad tradicional culmina el proceso de socialización proporcionando un acceso extensivo e intensivo a comunidades de práctica. Por acceso extensivo se entiende la participación en una serie de comunidades de práctica, y por acceso intensivo una participación en solamente una o dos comunidades.

Puede considerarse que, a lo largo de sus estudios, el estudiante pasa gradualmente del acceso extensivo al intensivo: normalmente, el estudiante universitario «prueba» muchas comunidades, pero el estudiante de postgrado, por lo general, se compromete y participa de forma mucho más intensa, y pasa a formar parte de una única comunidad. Brown y Duguid establecen una distinción entre dos formas de aprendizaje que están relacionadas con esto. En un primer momento, los estudiantes quieren aprender sobre algo, pero luego acaban queriendo aprender a ser algo. Podría considerarse que el modelo empresarial tiene principalmente por objeto el aprender sobre algo (conocimiento almacenado en el cerebro y asimilado a la persona), y que el modelo tradicional se preocupa mucho más por aprender a ser algo (conocimiento socializado). Según este último punto de vista, las tecnologías de aprendizaje se explotan para desarrollar y proporcionar apoyo continuo a comunidades de estudiantes.

El papel de la universidad como adjudicadora de credenciales

Dado que ni el aprendizaje ni el conocimiento son por sí mismos productos fácilmente comercializables, las universidades han cumplido la función de representar para el estudiante lo que es valioso en un ámbito del aprendizaje y de presentar además a sus licenciados a la sociedad como individuos con conocimiento. Así pues, si bien el conocimiento es una parte importante del producto que siempre han ofrecido las universidades, también lo es el papel en el que está envuelto, es decir, el título. Este documento es como una garantía que el consumidor utiliza para juzgar la excelencia o la fiabilidad del producto. Pero ¿qué es lo que da fiabilidad a la garantía? Es el proceso de garantía de la calidad que la sustenta. Este es el proceso de adjudicación de credenciales por el que los expertos transmiten su conocimiento a los estudiantes en forma de clases y tutorías, preparan a postgraduados para la realización de tesis y, en particular, distinguen entre los estudiantes que han alcanzado el nivel y los que no, y todo ello bajo la supervisión de expertos de mayor nivel, departamentos de exámenes y rectorados adjudicadores de títulos (Brown & Duguid).

Estrategias de tecnología del aprendizaje

A continuación describo dos estrategias que probablemente surgirán como consecuencia de las diferencias de perspectiva inherentes entre el modelo empresarial y el modelo tradicional. Puede considerarse que son los extremos opuestos de un espectro con muchas variaciones entre ellos. Estas estrategias se comparan a fin de que puedan desarrollarse algunos elementos y de que puedan extraerse sus implicaciones para la universidad. Resulta útil recordar que cada una de estas estrategias diametralmente opuestas puede existir gracias a las mismas tecnologías. Puede elegirse libremente la adopción de una u otra estrategia. He decidido caracterizarlas con dos denominaciones neutras: estrategia X y estrategia Y.

Estrategia X

La estrategia X se basa en los supuestos del modelo empresarial. La universidad se concibe como un responsable de la adquisición de software educativo. Con arreglo a esta estrategia, la universidad también puede adquirir software educativo listo para el uso, reenvasarlo y venderlo bajo algún acuerdo con vendedores en diferentes mercados. De esta manera, la universidad accede a mercados más amplios y el vendedor se beneficia del sistema de adjudicación de credenciales de la universidad. En este caso, los principales desafíos los plantea la toma de decisiones sobre los productos y los mercados.

Por ejemplo, en un mercado pequeño como el de Irlanda, esta estrategia permite utilizar la tecnología para abrir mercados nuevos y mayores tales como el de la «diáspora irlandesa» (más de 40 millones de personas) en los EE.UU. y Australia. De forma más general, cuando una universidad posee una experiencia concreta, la tecnología podría utilizarse para reducir los «costes de entrega» e incrementar el volumen de negocio en mercados más distantes, subdesarrollados y emergentes.

La estrategia X es una estrategia de globalización de grandes dimensiones. Es probable que se caracterice por la externalización de experiencia, especialmente de desarrollo, y la creación de alianzas con vendedores y agentes clave en las redes educativas en línea mundiales. Asimismo, deberá estar apoyada por sistemas administrativos sofisticados que se responsabilicen de la producción, la entrega, el registro y el pago.

Es también probable que, si se elige esta estrategia, ello implique una cierta transición cultural desde una cultura principalmente orientada a las funciones y el apoyo hacia una cultura esencialmente centrada en los resultados (Handy & Saunders). La gestión de este cambio será de capital importancia para conseguir el éxito con esta estrategia.

Estrategia Y

La estrategia Y se basa en los supuestos del modelo tradicional. La universidad se concibe como un agente que aplica las tecnologías del aprendizaje, probablemente en un entorno combinado, con el objetivo principal de mejorar la calidad de la enseñanza y del aprendizaje. Con arreglo a esta estrategia, las tecnologías del aprendizaje se utilizan para conseguir una serie de objetivos pedagógicos tanto de tipo cognitivo como sociopsicológico (Billet): proporcionar recursos en línea a los estudiantes (exploración guiada), aprovechar estos materiales para desarrollar las facultades cognitivas de los estudiantes (razonamiento crítico/creativo), reducir la sensación de aislamiento de los estudiantes a distancia, facilitar el trabajo de grupo entre ellos (colaboración), crear la sensación de comunidad, y proporcionar «actividades orientadas a objetivos» y «acceso a apoyo y orientación» (Billet).

Se trata de una estrategia dependiente del profesor que insiste en la excelencia de la enseñanza y el aprendizaje. A largo plazo, prevé que ambos conceptos serán el fundamento del éxito de la universidad. Así pues, el apoyo y la orientación ocupan un lugar central en esta estrategia. Asimismo, deberán efectuarse o mantenerse importantes inversiones en el desarrollo o la contratación de personal a fin de alimentar la prestación de apoyo y de orientación de alta calidad.

Asimismo, la naturaleza de esta estrategia subraya la importancia del desarrollo de una relación laboral sólida con otras universidades a fin de aprovechar su proceso de adjudicación de credenciales. Con arreglo a esta estrategia, como ya hemos visto, los estudiantes pueden beneficiarse, como parte normal de su educación, de la experiencia distribuida entre diferentes universidades, y es probable que se insista mucho más en la creación de redes de universidades y la determinación de proyectos colaborativos de enseñanza y aprendizaje.

Como ya se ha mencionado, la estrategia Y explota también las tecnologías del aprendizaje para desarrollar comunidades de práctica entre los estudiantes. En un informe reciente de la IPA, los estudiantes consideraban que el «aislamiento» era el mayor obstáculo para su aprendizaje. Asimismo, proponían en la mayoría de los casos la utilización de las tecnologías del aprendizaje (principalmente el correo electrónico e Internet) para hacer frente a este problema (IPAb 32,46).

La estrategia Y es la estrategia de excelencia pedagógica, pero va más allá del aula. En última instancia, refuerza el fundamento de la universidad como centro de excelencia.

Es importante que se comprenda que las dos estrategias descritas son los extremos opuestos de un abanico. No se pretende sugerir que una estrategia sea mejor que la otra. Es probable que la combinación más apropiada para la universidad sea una mezcla de las dos. Los responsables políticos de la universidad deberán determinar la naturaleza de esta combinación.

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